Entrenando en agua fría

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Como muchos de ustedes sabrán, mi primer reto en el mundo del triatlón será el Sprint de Valle de Bravo. En esta prueba nadaré 750 metros, rodaré 20 kilómetros y correré otros 5 más.

Por cuestiones de distancia y obviamente de recursos, decidí que Valle de Bravo sería mi primera prueba. Sin embargo, mucha gente me ha dicho que ese lugar no es el ideal para un principiante, incluso me recomendaron no participar como mi primera vez.

No sé mucho de las condiciones de la competencia, pero me han comentado que el agua está bastante fría (16-19 grados) y que la ruta en bicicleta es bastante complicada y peligrosa si es que no dominas por completo el control de tu bici.

En fin, mi entrenamiento ha sido enfocado para poder realizar esta prueba y no dejaré pasar la oportunidad para medirme y sobre todo para experimentar realmente en lo que me metí.

Durante un par de semanas, comencé a escuchar cada vez más, que no debería hacer ese triatlón, pero creo que si algo tengo y que definitivamente me ha hecho ser lo que ahora soy, es que soy necio. Creo que mientras más me digan que no podré hacerlo, mi motivación por terminarlo irá creciendo.

De nuevo, el primer paso era inscribirme para poder tener el compromiso hecho. Así que me afilié a la Federación Mexicana de Triatlón y me inscribí al que será mi primer triatlón sprint.

Cuando le comenté a mi entrenador del plan, se le ocurrió la grandiosa idea de entrenar en agua fría. Para mi “buena” suerte, el club en el que entreno cuenta con 2 albercas, una techada y otra al aire libre. La techada es semi-olímpica y se encuentra regularmente a 29 grados. La que está al aire libre es olímpica (mi favorita) y suelen mantenerla entre 27 y 29 grados, pero en esta época invernal la cierran y apagan la caldera para ahorrar energía, ya que es más complicado mantenerla a buena temperatura, además de que no hay tanta gente que vaya a nadar.

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Decidido a tomar el reto, hablé con el coordinador de natación del club y le expliqué que necesitaba experimentar el shock de nadar en agua fría para poder darme una idea de lo que sería nadar en Valle de Bravo. Lo más fácil hubiera sido usar un traje de neopreno para no sentir tanto el impacto del agua, sin embargo no cuento con los recursos en este momento para adquirir uno, así que la única manera de minimizar el impacto sería entrenando en esta alberca.

El coordinador aceptó abrir la alberca sólo para mí bajo la supervisión de un entrenador. Así que ya estaba todo arreglado, sólo tenía que hacerlo.

Llegó el día pactado y cerca del medio día me encontraba frente a esa majestuosa alberca, en completa calma, sola.

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Al estar ahí, pude sentir nervios y emoción, pero también tenía un poco de miedo, ya que no imaginaba lo que iba a sentir. El coordinador llegó y me dijo que estaba de suerte, que no estaba tan fría y que el termómetro marcaba 18 grados. Con esta información, la idea era nadar máximo 1000 metros o 20 minutos, lo que pasara primero. Pero no había un mínimo, tal vez no lograría completar ni un 50.

Practiqué mi ritual para antes de entrar al agua y respiré profundamente. Me coloqué mis goggles y me subí al banco de salida. No había marcha atrás, ya estaba ahí.

A lo lejos, me gritaron el famosísimo: “Listo?…Sale!!!” y…curiosamente me tardé unos 5 segundos en salir, estaba paralizado. Tomé aire y salté del banco lo más fuerte que pude. Al entrar al agua, mis músculos reaccionaron de inmediato, de verdad pude sentir el frío en mi cuerpo y comencé a nadar un poco rápido para poder entrar en calor, algo que nunca pasó. Por más que me movía, el frío nunca dejó de sentirse. Completé los primeros 400 metros y sentía mucha presión en mi pecho, me costaba respirar. Seguí nadando y al completar 200 metros más, comencé a sentir deseos inmensos de salir del agua, eso era una tortura. A pesar de que lo más probable era que no terminara los 1000 metros, me dispuse a nadar los 750 metros que nadaré en Valle de Bravo y lo hice. Logré completar la distancia del triatlón sprint. Salí rápidamente del agua y me quedé tendido a un costado de la alberca intentando recuperar el aliento. Después de unos segundos, me levanté y fui a secarme. Cuando estaba recogiendo mis cosas, me dijeron que el agua estaba a 17 grados y no a 18, pero eso ya no importaba, ya estaba hecho.

Puedo decir que fue una experiencia impactante y que me servirá para prepararme bien para Valle. Lo mejor de todo es que no será la última vez que lo haga, ya tengo programadas un par de sesiones más en mi entrenamiento.

Vamos con todo para mi primer triatlón!!!

 

@BlackVera

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2 comentarios sobre “Entrenando en agua fría

    Gerardo escribió:
    agosto 31, 2013 en 4:05 am

    Y que fue del nado en agua fría?, seguiste nadando o lo dejaste, estoy con ganas de empezar a practicarlo

    Me gusta

      BlackVera escribió:
      septiembre 1, 2013 en 3:23 am

      Sigo nadando. Han sido cada día mejores experiencias. Espero que avances en tus retos y cualquier duda que tengas y que pueda asesorarte, con mucho gusto lo haré.

      Me gusta

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