El día en que me convertí en triatleta.

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Sábado 23 de Febrero.

EL GRAN DÍA.

La alarma sonó a las 6 de la mañana, afortunadamente fue una noche tranquila, sin ruidos, sin serenatas, sin nada que lograra despertarme en plena madrugada. Puedo decir que dormí como bebé. Lo primero que hice fue revisar mi teléfono y ver las notificaciones que tenía pendientes, leí muchas muestras de apoyo de amigos y familiares. Mientras yo hacía esto, pude escuchar a Erick, quien haría su primer triatlón olímpico (1500mts natación, 40km ciclismo y 10km de carrera), en la cocina. Me levanté tranquilamente y fui a preparar mi desayuno que constaba de un par de panes integrales con crema de cacahuate y dos frutas. También preparé algo para llevar, ya que mi categoría arrancaría hasta pasadas las 11 de la mañana.

Mi tranquilidad se debía a eso. Los que harían el triatlón olímpico arrancarían a las 9 de la mañana, mientras que los que haríamos el Sprint (750mts natación, 20km de ciclismo y 5km de carrera) arrancaríamos a partir de las 11:20. Pude notar a Erick algo nervioso, pero estoy seguro que más que nervios era ansiedad. Pinté mi nariz de rojo y respiré profundamente, la hora se acercaba.

Habíamos quedado con Elena de vernos en la casa a las 7am para irnos juntos en el coche, y como buena mexicana, llegó puntualmente. Terminamos de subir las cosas al auto y salimos en dirección al Club de Vela “El Zarco”. En el trayecto pude sentir nervios, esa cosquillita empezaba a recorrer mi cuerpo. Pude ver a varias personas que manejaban en la misma dirección que nosotros, el tránsito comenzaba a aparecer en la carretera, misma que horas más tarde sería un caos.

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Llegamos a las 7:35 aproximadamente e ingresamos al área de transición para preparar lo que necesitaríamos durante la prueba. Ésta es una de las partes fundamentales en un triatlón, el estar consciente de lo que harás justo cuando llegues a tu lugar es clave (lo aprendí después). Como nunca había hecho una transición formal, no tenía idea de qué esperar, así que traté de imaginar todos los escenarios posibles y traté de visualizarme realizando las transiciones. En base a eso, coloqué mis cosas en orden. Sobre el pasto, a un costado de mi bici, puse una toalla y encima de ella fui colocando lo que ocuparía. Como buen ingeniero pensé en un proceso y lo comparé con un almacén que trabaja con primeras entradas últimas salidas. La verdad es que no es tan complicado, el nombre lo dice todo. Lo primero que puse fue lo que, según yo, sería lo último que ocuparía. Siguiendo la regla, lo primero fueron los tenis con los que correría, obviamente con las agujetas desabrochadas, luego puse los zapatos que uso con la bicicleta y encima de ellos puse la playera que usaría para rodar y correr, misma que ya tenía puesto mi número al frente y por último coloqué una toalla absorbente para secarme un poco al momento de llegar. Después coloqué mi casco sobre el manubrio de la bici, mis gafas y mis guates sobre él.

Para los que no lo saben, una de las reglas del triatlón es que no puedes tomar tu bicicleta si no tienes tu casco bien colocado y abrochado, por lo que en mi mente traté de enfatizar eso para no ser descalificado.

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Terminé de repasar lo que haría en mi mente y salí del área de transición, Elena me ayudó a escribir #YoSoyMelissa en mis pantorrillas en honor a Melissa Orozco, la chica por la que hice éste triatlón. Alguna vez dije que mis brazos y mis piernas se moverían por ella, así que ambos brazos y ambas piernas tenían la misma leyenda. Ese día, yo sería Melissa y mis extremidades, serían de ella.

Ya casi era hora del arranque para Elena y para Erick por lo que me dirigí a un lugar donde pudiera ver bien la salida. Andrés llegó en ese momento y juntos vimos salir a los primeros.

Mientras caminaba por ahí, en medio de tantos triatletas, las ansias comenzaban a aumentar. Hubiera deseado arrancar a las 9 como los que harían el olímpico, pero en fin, cuando te toca, te toca. Afortunadamente, de pronto escuché que alguien gritaba “Black” y la voz se me hizo conocida, era Buzz. Venía acompañado de Mac y de Oscar. Ellos habían hecho el viaje para apoyar a los #TwitterRunners y para cubrir todo el evento en imágenes. Charlamos un rato y me desearon éxito. Estoy muy agradecido por haberlos conocido, éste grupo siempre ha estado atento a mis locuras y me ha apoyado a seguir adelante. Después de las fotos oficiales, fueron a ver a otros amigos que también competirían.

Seguí caminando sin rumbo, quería distraerme para calmar mis ansias. En eso recibí una llamada, era mi papá. Me dijo que estaba en Valle junto con mi mamá, Fabiola y la pequeña #BlackVerita que aún no nace. Eso me llenó de emoción, quería abrazarlos. Desgraciadamente, ellos llegaron exactamente al centro de Valle, por lo que les tomaría algo de tiempo llegar al lugar donde se estaba desarrollando el evento. Tendría que terminar la prueba para verlos. Eso me motivó mucho.

Dieron las 10:40 y fui al área de guardarropa, dejé ahí el pants que llevaba, no sin antes posar para las cámaras que no creían que yo era la persona con el abdomen más marcado de todos los competidores. Creo que estaba cumpliendo mi objetivo, generar sonrisas.

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Después de haber dejado mis cosas en el guardarropa, me quedé incomunicado, sólo tenía puesto mi traje de baño y cargaba mi gorra y mis googles. El sol comenzaba a quemar bastante, por lo que busqué un lugar con sombra. Me senté en medio de otros triatletas que miraban mi nariz y obviamente mi abdomen con curiosidad. Volví a respirar profundamente y comencé a estirarme. No recuerdo cuántas veces repetí los ejercicios de estiramiento, el tiempo pasaba lentamente. De pronto, comencé a ver movimiento y me levanté. Ya habían llamado a los atletas elite para que estuvieran listos.

Justo a las 11:20 arrancaron los elite, los demás comenzaríamos a salir por categorías cada 2 minutos. Al parecer, la salida de la categoría elite causó mucha atención, tanto que a las siguientes categorías no nos permitían el acceso. De pronto, entre gritos y reclamos para que nos permitieran ingresar y acomodarnos en grupos, logramos pasar la seguridad. Sin embargo, hubo mucho descontrol. Comenzaron a dar salidas y la gente simplemente corría para lanzarse al agua sin saber si era su turno o no.

Afortunadamente cuando llegué a la zona de arranque, me detuvieron. Habían comenzado a tratar de corregir el desorden que había. No pasó mucho tiempo cuando llamaron a mi categoría. Olvidé por completo las recomendaciones que me habían dado de no arrancar en medio del contingente, y cuando me di cuenta, ya estaba ahí. Comencé a respirar profundamente para tratar de controlar el frío que sentía mi cuerpo y evitar que mi corazón latiera tan rápido. En cuestión de segundos, sonó la indicación de salida y arrancamos. Traté de darme un espacio entre tanta gente. Curiosamente, no había tanta gente por dónde yo iba, la mayoría estaba en los extremos. Esa fue una ventaja para mí, no tuve que lidiar con golpes ni patadas de las que tanto me habían advertido.

La parte de la natación es la prueba que creo que más me gusta y en la que siento que me desempeño mejor, por lo que rápidamente fui ganando posiciones. Después de un rato nadando, pude ver que alcanzaba a nadadores de la categoría que había arrancado antes, eso me dio mucha confianza. Sin embargo, pocos metros antes de llegar a la meta de la natación, pude ver a competidores de la categoría que había salido después de mí alcanzándome, así que cerré lo más fuerte que pude.

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Salí del agua y comencé a correr para buscar mi bicicleta. Me di cuenta de que muchos trotaban mientras yo corría, así pude ganar otras posiciones. Y por primera vez me enfrenté a la T1, mi primera transición oficial. Al llegar al pasillo donde se encontraba mi bicicleta, me percaté de que la mayoría de las bicis estaban en su lugar, esto significaba que había salido en una muy buena posición del agua. Me sentí muy contento de ello. Al llegar al sitio dónde estaban mis cosas, recordé la regla básica (no agarres la bici sin ponerte el casco) así que lo primero que hice fue ponerme mis gafas, luego mis guantes y enseguida el casco. Miré hacia abajo y levanté mi playera, me la intenté poner cuando surgió una pequeña cuestión. ¿Cómo rayos pasaría el cuello de mi playera por mi cabeza si tenía el casco puesto? Bueno pues, la respuesta fue muy sencilla. NO PASÓ. Tuve que quitarme el casco para poder ponerme mi playera, luego me di cuenta de que al forzarla en el primer intento, mi número de competidor se desabrochó, por lo que tuve que ponerlo correctamente.

Ya con mi playera bien puesta y con mi casco abrochado, miré mis pies que estaban muy sucios por todo el pasto que se me había pegado al pasar por la transición, entonces muy tranquilamente me puse a limpiarlos para poder ponerme los zapatos para la bicicleta. De pronto comencé a ver a muchos competidores a mi lado, y varios más pasando detrás de mí, ya con sus bicicletas listas para rodar. En ese momento reaccioné para apurarme. Ya estaba listo, tomé mi bici y CORRÍ de nuevo, pude pasar a varios más que iban trotando con sus bicis. Al cruzar la línea que marca la zona de arranque del ciclismo, subí a mi bicicleta y comencé a pedalear. El inicio de la ruta constaba de unas pequeñas pendientes que pude pasar sin dificultad, pero comencé a percibir dolor en mis piernas, sentía ardor como si mi desgaste hubiera sido demasiado, o como si estuviera a punto de terminar la prueba, pero era el comienzo. Traté de calmarme y seguir pedaleando. Intenté mover mi traje para que la circulación de la sangre mejorara a través de mis piernas pero, no lo logré. Mientras hacía todo esto pude ver a muchos ciclistas pasándome, algunos realmente muy rápido, otros tantos llevábamos más o menos el mismo ritmo.

En el recorrido de reconocimiento que habíamos hecho, sólo hubo una pendiente que me costó trabajo, y la tenía en mente. Sin embargo, durante la competencia, hubo 2 pendientes que sufrí. Tal vez era la adrenalina, tal vez era el desgaste, no sé. Lo que sí sé es que la parte del ciclismo me costó mucho trabajo, traté de dar todo, de quemar por completo mis piernas. Al final sólo serían 5 kilómetros de carrera. Sabía que podría con ellos.

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Cuando faltaban cerca de 2 kilómetros para terminar con el recorrido de bici, aceleré el ritmo, mis piernas seguían ardiendo y me consolaba el hecho de saber que cuando comenzara a correr me sentiría mejor. Al llegar a la zona de transición, de nuevo pude pasar a algunos corriendo. Dejé rápidamente mi bici en su lugar y me puse mis tenis para correr.

Salí lo más rápido que pude, logré escuchar algunos gritos que me alentaban y eso me emocionó mucho. Deseaba terminar para poder abrazar a todos ellos. Cuando salí de la zona de transición y comencé a correr en la carretera, sentí que mis zancadas eran muy cortas y me preocupé, además de que me di cuenta de que la primera parte del recorrido sería de subida. Por obvias razones, mis piernas seguían ardiendo, sabía que estaba dando todo lo que podía de mí. Tal como lo prometí.

Cuando iba corriendo, casi nadie me pasó y eso me dio gusto, pero tampoco pude pasar a tantos. Fue cuando llegué al punto de retorno cuando me concentré para el cierre. Sabía que esa parte ya sería de bajada, por lo que descansé un poco mis piernas y logré dar zancadas más largas, mis brazos también se podían mover libremente. Poco a poco mi ritmo fue en aumento, y comencé a pasar a muchas personas. Algunos se sorprendían al verme pasar, de verdad iba bastante rápido y me sentía bastante bien.

Disfruté mucho esa parte de la carrera, me sentí muy ligero y fuerte. Mis pasos se sentían firmes. En general, me sentí como un verdadero atleta.

Estaba recorriendo el último kilómetro de la competencia, había mucha gente gritando sobre la carretera, apoyando a los competidores. Aunque hay algo que debo admitir que no me agradó, justo en esa última parte del recorrido, se encuentran puestos de comida y cuando pasas por ahí, cansado y hambriento, el olor de la comida es un martirio. Hasta pensé en detenerme a echarme unas quesadillas. Jajajaja. Como obviamente, no lo iba a hacer, me concentré de nuevo en acelerar, entré a la zona final y miré la meta, iba a todo lo que podía. Me entregué por completo tanto física como mentalmente. Después de una 1 hora y 22 minutos, crucé la meta. En ese momento me convertí en triatleta. Estaba muy emocionado, mis piernas temblaban, mi frecuencia cardiaca estaba a todo lo que daba.

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Pocos metros después de haber cruzado la meta, me encontré con Buzz quien de inmediato me pidió una entrevista para los #TwitterRunners, hasta me sentí importante y comencé a bromear. Aquí les dejo la entrevista.

Después de agradecerle a Buzz a Mac y a Areabi que estaban ahí, fui a recoger mi paquete de recuperación. Tomé mucha agua, comí fruta y devoré una rebanada de pizza. Tomé otra para ir comiendo mientras llegaba a la zona de las medallas. Las vi ahí, esperando a sus dueños, ese día, yo me había ganado una. Me acerqué y me colocaron mi medalla mientras me felicitaban. Oficialmente tenía mi reconocimiento, oficialmente me convertí en TRIATLETA!!!

Al salir de esa área vi a mi papá, lo abracé lo más fuerte que pude y escuché a mi mamá acercarse, la abracé también. Ahí también estaba Fabiola con #BlackVerita integrada, no recuerdo cuanto tiempo las abracé, pero no quería dejar de hacerlo. En ese momento me sentí la persona más afortunada del mundo. Al poco tiempo llegó Erick y nos tomamos las fotos de la victoria. Ambos, habíamos logrado nuestro primer reto como triatletas.

Aquél día, di un paso más. Mi objetivo está más que claro y estoy dispuesto a alcanzarlo. Mucho de lo que he logrado es gracias a esas personas que siempre han estado ahí apoyándome, y estoy seguro de que estarán ahí cuando logre convertirme en un IRONMAN.

Por lo pronto, a seguir entrenando!!!

@BlackVera

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5 comentarios sobre “El día en que me convertí en triatleta.

    elenamary escribió:
    marzo 2, 2013 en 7:00 pm

    ¡Bien hecho mi Black! Das inspiración tu. Regresando a mi casa (ando en Taxco aun) deposite a #YoSoyMelissa. Y tu y Erick me apoyaron muchismo…te lo agradezco un buen.

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      BlackVera escribió:
      marzo 2, 2013 en 8:33 pm

      Fue un placer haberte recibido Elena!!! Esperemos vernos pronto!!!

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    Vane Vargas escribió:
    marzo 2, 2013 en 10:15 pm

    Hola!!!!!!!
    que genial reseña!!!!!
    felicidades triatleta, mi meta es ser ironman y lo vamos a lograr ya me llevas un tramito pero esto no son “CARRERITAS” a disfrutar todas las experiencias que vienen y pues te felicito de nuevooo inspiracion, tambien abri un blog donde estoy contando mis anecdotas y espero que muchs se animen a darle a este maravilloso deporte
    Saludos desde Mty!

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      BlackVera escribió:
      marzo 2, 2013 en 10:32 pm

      Hola Vane!!!
      Muchas gracias por tu comentario, definitivamente creo que todo es cuestión de actitud y determinación, por lo que estoy seguro de que algún día podremos decir “Ya soy un IRONMAN!!!”
      Por favor pásanos el link de tu blog para poder seguirlo.

      Saludos!!!

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    El fracaso más exitoso. | ¡Soy un IRONMAN! escribió:
    mayo 20, 2013 en 2:52 am

    […] siempre: “Ponte el casco al último” (Si usted no entiende el chiste, por favor lea la entrada: El día que me convertí en triatleta). Hice un recorrido rápido para identificar el lugar y me dirigí a la playa para ver a los […]

    Me gusta

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