Ironman 70.3

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Viernes 20 de Septiembre.

Volaría a la Isla de Cozumel con muchos sentimientos encontrados. Estaba muy emocionado porque serían las primeras vacaciones con mi familia, Sam conocería el mar. Definitivamente estaba nervioso por todo lo que estaba pasando.

Debo aceptar que me sentí algo intimidado por la prueba desde que me subí al avión. Me sentía con una preparación insuficiente debido a la falta de entrenamientos previos y el avión iba repleto de participantes que físicamente eran grandes y fuertes. Nada que ver conmigo.

Llegamos a la Isla y el clima era caluroso pero estaba nublado. Había estado lluvioso en los últimos días. Rogué porque se mantuviera así, al menos hasta el día de la competencia.

Al llegar al hotel, lo primero que hice fue armar la #ClownBike. Me quedó bien a la primera pero con un pequeño detalle, no encontré su nariz, supongo que la olvidé en casa.

Por la noche me encontré con José, un amigo que también se estrenaría en la distancia 70.3, curiosamente sería el segundo triatlón de su vida. Charlamos un rato y me invitó al entrenamiento de su equipo para el día siguiente. Yo tenía planeado rodar en la mañana e ir a nadar, así que la invitación me cayó como anillo al dedo.

Sábado 21 de Septiembre.

A las 7 de la mañana salimos del hotel en nuestras bicis en dirección al parque Chankanaab para realizar la práctica de natación. El parque nos quedaba a 15kms aproximadamente del hotel, por lo que no significaría mucho esfuerzo (pensé). Rodamos a una velocidad promedio de 22-23km/hr por lo que llegamos bastante relajados al parque. Ahí pudimos ver a muchos participantes y de nuevo confirmé que la gran mayoría sí lucían como verdaderos atletas, además de eso, había muchísimas bicicletas de tope de gama. Mi #ClownBike reafirmaba mi novatez.

Al entrar al parque me encontré con Crisanto Grajales, 8vo lugar en la final mundial de triatlón que se había celebrado justo la semana pasada en Londres. Después de regalarle una foto para el recuerdo, seguí mi camino.

la foto 2

Dejamos nuestras bicis y nos preparamos para nadar. El couch de José, les pidió que nadaran 20 minutos únicamente. De nueva cuenta seguí sus indicaciones. El clima estaba perfecto para nadar, la luz del sol iluminaba el fondo del mar y nos permitía ver con claridad lo hermoso del lugar. Nadamos con singular alegría el tiempo indicado, según mis cálculos, fueron aproximadamente 1000mts. Salimos del agua y la siguiente instrucción fue: “pónganse sus tenis, van a correr 15 minutos”. De nueva cuenta me quedé con el grupo, trotamos en dirección al sur durante 8 minutos y dimos la vuelta. Al regresar, Julio (el más experimentado del grupo) nos pidió correr con todas nuestras fuerzas por un minuto, así que aceleramos y nos agitamos en serio. Al terminar esa parte, trotamos a ritmo de competencia. Eso nos permitió adaptarnos mejor a las condiciones del clima y altura.

Llegamos por nuestras bicis  y supuse que regresaríamos al hotel, pero no fue así. El couch pidió otros 15 minutos en bici a ritmo de competencia. Me sentía bastante bien, así que seguí las instrucciones.

Al regresar al parque, nos despedimos y nos deseamos éxito ya que no todos regresaríamos al hotel. Yo tenía que recoger mi kit de competidor en Punta Langosta, que afortunadamente quedaba de paso.
la foto 3
Llegué a la Expo y me entregaron mi chip y mis números, además de eso me pusieron un brazalete de “ATHLETE”. Comencé a sentirme ansioso por empezar la competencia.la foto 4

Regresé al hotel y comí como se debe, no iba a cometer los mismos errores que ya había hecho antes. Me acosté y dormí un poco, sabía que la noche sería corta.

Un par de horas después, regresamos en bici a la zona de transición. Dejé la #ClownBike sin su nariz en el lugar que tenía asignado. Un lugar privilegiado, con vista al mar.

Regresamos al hotel y me di cuenta de que había nadado 1000mts, corrido casi 4kms y rodado más de 50kms justo antes de hacer un 70.3 y mis piernas lo reclamaban.

Preparé mis cosas para el día siguiente y dormí.

Domingo 22 de septiembre. El gran día.

Me levanté a las 4:30am y fui a desayunar. Melón con miel y granola, sándwich de pavo con queso, jitomate, lechuga y cebolla. Me tomé un café y me llevé un plátano para el camino.

Me había quedado de ver con José y Julio en el lobby del hotel a las 5:30. Estaba a punto de llegar a la cita cuando la naturaleza me pidió una visita al baño. Cuando llegué al lobby, ellos ya se habían ido en el camión oficial. Pregunté sí saldría otro camión y afortunadamente me dijeron que llegaría uno más.

Estaba esperando a que llegara el autobús cuando de pronto comenzó a llover. El autobús llegó a las 6am y yo era el único pasajero del hotel, el último. La lluvia no paró en todo el camino y cuando bajé seguía lloviendo. Me apresuré a colocar mis cosas en la zona de transición y me di cuenta de que aún traía el plátano que según me iba a comer en el camino. Lo dejé junto a mi bici junto con el resto de mis cosas, coloqué mis geles y mis wafles en su lugar y busqué mi bloque de salida. Afortunadamente mi categoría era la penúltima en salir. Avancé con mi bloque de salida y vi cuando dieron la señal de salida a la categoría elite. Comenzaron a salir las demás categorías y nosotros avanzábamos lentamente. Me distraje un poco con el espectáculo de los delfines y cuando me di cuenta, ya sólo faltábamos nosotros y los relevos en entrar al agua.
Me acerqué a la orilla del muelle y salté. Para esa hora, la lluvia había desaparecido y el sol se asomaba con todo su esplendor.
Dentro del agua, me coloqué en uno de los extremos de salida. Sabía que aunque la natación era mi fuerte, lo haría con calma para no agotarme y disfrutar de todo el recorrido.

Ahí comenzó todo, tenía miedo del resultado, no estaba seguro de si mi poca preparación sería suficiente para terminar la prueba. Ni siquiera pensé en tener un buen tiempo, simplemente quería llegar en buenas condiciones a la meta.

Nos dieron la señal de salida, comencé a cantar “Wiplash”. Rápidamente tomé un lugar cómodo dentro del bloque. Sentí que avanzaba a una velocidad bastante relajada. Tras nadar varios cientos de metros, vi gorras de la categoría que había salido antes. Eso me dio mucha confianza. Lo bueno de haber salido casi al último es que sabía que no vería a tantas personas pasándome, en cambio, pude pasar a varias categorías.

La corriente era fuerte pero el paisaje era fenomenal, no quería salir del agua. Ya casi al finalizar la etapa, vi que me pasó un tipo con gorra blanca. Era de los relevos y significaba que la categoría que salió después de nosotros ya me había alcanzado.
la foto 3 (1)
Salí del mar y corrí hacia mi bici, me puse las zapatillas y en un movimiento torpe tiré el resto de mis cosas, el casco con mis gafas y mangas cayó del otro lado de mi bici. Al darle la vuelta vi el plátano que no me había comido antes y aproveché para comerme la mitad. Qué bien me cayó. Después de colocar todo en su lugar, tomé mi bici y salí corriendo del área de transición, me subí rápidamente y comencé a pedalear. Mis piernas se sentían frescas y poco a poco comencé a acelerar. Pude sentir el viento en contra durante los primeros 5 kilómetros. De pronto un pelotón me alcanzó, justo al mismo tiempo en que yo alcanzaba a otro grupo. Creo que todos nos hicimos los desentendidos y formamos un grupo de fácil 20 ciclistas. Aprovechamos para cortarnos el viento, algo que está prohibido en ésta prueba. Era curioso ver cómo cuando nos acercábamos a una zona con jueces el grupo se expandía para evitar ser sancionado.

Mientras “jugamos” a no ser amonestados, vi que íbamos a una velocidad promedio de 30km/hr. Justo el promedio que yo quería mantener pero en la zona de viento. Fue hasta la parte sur de la isla que me despegué del grupo, mejor dicho…me pasaron y no pude alcanzarlos. No me importó tanto ya que esa parte del recorrido era completamente espectacular. La disfruté yo solo y me concentré en seguir pedaleando a mi ritmo. Me preocupé por alimentarme al tiempo debido y todo salió correctamente. Cuando menos lo pensé ya estaba entrando al centro de la isla. Comencé a ver a mucha gente apoyando. Era increíble sentir su energía. En una de esas, al pasar por un grupo grande de espectadores, solté el manubrio, me levanté y les aplaudí en agradecimiento. Al instante, los aplausos se multiplicaron y además comenzaron a gritarme. Hasta me sentí importante jeje. Me inyectaron de mucha energía. Era aproximadamente el kilómetro 70. Me sentía cansado pero en perfectas condiciones para seguir.
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Tomé el último retorno antes de la zona de transición y vi a Fabis con Sam. Las saludé y me volví a llenar de energía.

Llegué a la transición y salí corriendo lo más rápido que pude. Mis piernas ya me ardían pero sabía que a un paso lento podría lograr cruzar la meta. No llevaba ni 200 metros cuando me di cuenta de que traía puestos los guantes que uso para rodar, pensé rápidamente en regresar a la transición pero no era la opción. Me los quité y los puse en los bolsillos de mi trisuit esperando que no me pesaran durante esos 21k restantes.

Aunque el cielo estaba algo nublado, el calor era fuerte. El recorrido constaba de dos vueltas de poco más de 10 kilómetros. Al principio mi velocidad era lenta, calculé unos 6:30min por kilómetro (no llevaba reloj, como siempre). Los primeros 5 kilómetros fueron difíciles, la humedad aumentaba y mis piernas ya estaban cansadas, antes de completar los primeros 10k vi a José, iba atrás de mí pero con un paso impresionante. No tardó mucho en alcanzarme y pasarme.

Fue justo cuando pasé el kilómetro 10 cuando mi cuerpo pedía a gritos refrescarse y zaz!!!  Comenzó la tormenta. Tuvimos la fortuna de correr bajo la lluvia, con un viento impresionante. Rápidamente se hicieron charcos, las calles acarreaban muchísima agua a la avenida principal. Pude ver a muchas personas poniendo sus palmas hacia arriba y agradeciendo al cielo por tremenda refrescada.

Ahí comencé a acelerar, sabía que sólo quedaban 10 kilómetros. Poco a poco fui pasando gente y animándola a seguir adelante. Cuando llegué al último retorno di todo lo que tenía. Corrí como nunca, me estaba divirtiendo en grande, brincando charcos hasta que fue inevitable. Llegó el momento en que mis pies estaban completamente cubiertos por el agua. Llegué a la recta final y no quería que terminara. Quería seguir. Corriendo, estaba sorprendido de lo que acababa de hacer y por fin crucé la meta. Me tomaron 5 horas 34 minutos y 35 segundos convertirme en medio Ironman. Estaba muy contento y sobre todo muy agradecido por lo que estaba viviendo.

Al final, tuve mi mayor recompensa, ver a mi familia que estuvo apoyándome en todo momento.
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Con esto termino una etapa más y me dispongo a prepararme para otro objetivo. Me doy cuenta cada día de que no existen los límites. Cada uno de nosotros avanza hasta dónde quiere llegar.

@BlackVera

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2 comentarios sobre “Ironman 70.3

    Diario de un Campista escribió:
    septiembre 25, 2013 en 8:53 pm

    ¡Pues es un tiempo fantástico! Magnífica experiencia has vivido y triunfado, y más disfrutándola con tu familia ¡Qué ganas tengo de participar en una prueba así!
    ¡Un abrazo Guille! Ahora toca descansar y relajarse

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      BlackVera escribió:
      septiembre 28, 2013 en 4:33 pm

      Muchas gracias, la experiencia fue increíble. Ahora a prepararme para el full Ironman que es en Marzo!!!

      Me gusta

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