Persiguiendo el Olímpico (@Lu_Lerma)

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Iniciaba el 2014 y con él se acercaba mi primer triatlón olímpico. Llevo menos de un año en esto del triatlón y desde que inicié me ha costado mucho la parte de la bici, así que pensar en correr un 10k después de rodar 40 kilómetros ‘a tope’, significaba un reto de verdad importante. Pero estaba decidido, en Monterrey haría mi primer triatlón del año y sería un olímpico, por primera vez.

Comenzó la preparación; distancias en bici que nunca había alcanzado y luego bajarme a correr, entrenamiento de técnica, técnica, técnica en el agua… Esos momentos de sufrimiento que sólo los que amamos esto podemos disfrutar y querer cada vez más.

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La fecha se acercaba y la ansiedad iba en aumento. Mi entrenador me hizo ver que la ruta de la bici no estaba nada fácil y eso me puso nerviosa, la bici es la disciplina que me ha costado más en el triatlón y si no ‘me cuido’ en esa parte, ya no puedo aprovechar tanto la parte que me cuesta menos trabajo, mi favorita, la carrera.

Mi vuelo salía el primer día de mayo y mi hermana viajaría conmigo ya que Omar, mi entrenador, se accidentó una semana antes en bici y le sería imposible acompañarme y mucho menos competir. Mis papás viajarían por tierra y llevarían a Ruby, mi bici.

 

Llegamos a Monterrey sin inconvenientes. Al día siguiente me preparé para ir a registrar mi bici y asistir a la junta previa, la ansiedad ya invadía mi cuerpo, y mi mente no podía pensar en otra cosa que no fuera el triatlón que haría en unas horas. La entrega de paquetes es uno de mis momentos favoritos, ver tanta gente vestida de colores llamativos, personas con cascos y con sus bicis padrísimas, todos con brazos y piernas marcadas… Wow! La emoción se apodera de mi y quiero que el triatlón comience ya, en ese momento!

Fui por mi paquete, chequé mis datos de chip y entré a la junta. Al salir me encontré a Ale y Mario, amigos de Puebla, platicamos un rato y luego mi hermana Lusso me acompañó a registrar mi bici y dejarla lista y ubicada en su lugar para cuando llegara el momento.

Imagen Al siguiente día desperté más temprano de lo planeado y más tranquila de lo que esperaba, me bañé en silencio y preparé mis cosas… Todo estaba listo! El día había llegado y mi primer triatlón olímpico iniciaría en pocas horas. Pensaba en la estrategia que había planeado; arriesgar en el agua, controlar en la bici y todo lo que me quedara dejarlo en la carrera. Esperaba poder correr en 55 minutos aproximadamente el 10k, era el primer olímpico y no quería presionarme tanto, no sabía cómo reaccionaría mi cuerpo con esas distancias en competencia.

Preparé mis cosas en la zona de transición; inflé las llantas de Ruby, pegué mis geles, puse las ánforas en su lugar, zapatillas, tenis, número, visera. No cabía de tanta emoción, mi tiempo estimado era de 2:57, me había preparado y sabía que podía conseguirlo… Era el momento de sufrir y estaba lista!

Mi primo, mi hermana y yo empezamos a caminar los 1500 metros que nos separaban de la zona de arranque, íbamos junto al canal del Paseo Santa Lucía y podíamos ver a los triatletas que habían iniciado ya sus competencias, en ese momento me declaré oficialmente nerviosa. Faltaba una hora para mi arranque y mi corazón ya estaba queriendo escapar; nerviosa, emocionada y ansiosa seguí caminando. Cuando llegué por fin a la zona de arranque me encontré con el resto de la familia, estaban mis papás, tíos y primos, y todos empezaron a desearnos éxito a mi primo y a mi. Había llegado la hora.

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Fui a la zona de calentamiento y entré al agua, estaba mucho más fría de lo que imaginé o quizá eran mis nervios, comencé a nadar y a ver a todas las mujeres que tenían la gorra de natación del mismo color que la mía. Después de un rato llamaron a mi categoría a prepararse porque éramos las siguientes en salir.

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Me ubiqué, escuché a mi familia gritar y echar porras, preparé el cronometro en mi reloj y esperé la señal del arranque. Unos segundos después ya iba nadando, tomé el lado derecho del canal para estar cerca de mi familia que iba caminando al mismo tiempo en el que yo avanzaba, cada vez que sacaba la cabeza para respirar podía verlos apoyándome y escuchaba un poco de sus gritos, habré recorrido como 200 metros cuando de pronto el aire empezó a ser insuficiente, trataba de respirar lo más profundo que podía y mis pulmones no se sentían satisfechos con esa cantidad de aire, mi corazón se aceleró más de lo normal y yo entré en una crisis de desesperación por la falta de oxigeno que no podía controlar, seguía nadando, veía a mi familia y cada vez me sentía peor, pero no podía parar porque no quería que mis papás me vieran mal, así que seguí adelante, respirando y tratando de calmarme, dibujando más mis brazadas para controlarme, bajando un poco la velocidad para que mi corazón se tranquilizara y pudiera respirar con normalidad. En mi mente solo decía: “tranquila, respira, controlateee”, me repetí esas tres palabras mientras iba sintiéndome un poco mejor. Nadé, según yo, mucho tiempo, y de pronto vi un aviso en el fondo del agua que decía: “Llevas 500 metros”, quéee?? Apenas 500?? Pff… No sabía qué me pasaba pero no me la estaba pasando nada bien y esto apenas iba comenzando. Seguí nadando, mi respiración y corazón se estabilizaban poco a poco y pasé el aviso de “750 m”, ya solo faltaba la mitad.

La idea era nadar en 33 minutos los 1500 m, no podía ver con claridad mi reloj pero con las sensaciones que tenía creí que sería mucho más tiempo del pensado. Pasé el letrero de “Te faltan 500 metros” y supe que ya faltaba poco, ya quería salir del agua! Recibí una patada en la cara que hizo que mis goggles se llenaran de agua, nadé boca arriba unos metros para reacomodarlos y luego continué, la salida ya se veía cerca. Por fin toqué la rampa para salir, me puse de pie y miré el reloj… 33:45. Excelente, vamos!

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Saqué el primer gel que llevaba en mi trisuit y lo comí mientras corría hacía mi bici, de algún lugar se escuchaban gritos de “Vamos Lu”, “Venga, vas muy bien!”, no los ubicaba físicamente pero se sentía el apoyo de mi familia en cada paso. Entré en el pasillo equivocado en la zona de transición y tardé un poco en ubicarme, llegué a mi lugar… casco, lentes, bici, listo! Salí lo más rápido que pude, me monté y aceleré. Fueron 5 vueltas de 8 kilómetros para completar la distancia de 40 km, la ruta tenía muchas vueltas en U y curvas cerradas, esto no me dejaba mantener una velocidad alta durante mucho tiempo porque había que frenar a cero y volver a “tomar vuelo”, pero me sentía muy bien, llevaba el tiempo de cada vuelta y sabía que si me mantenía así, podría bajarme a correr con las piernas no tan ‘destruidas’. Tomé el segundo gel al kilometro 30 y seguí, ya faltaba poco y me di cuenta de que me sentía realmente bien. Ya quería empezar la parte de carrera!

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Transición dos, ahora si me fijé bien y entré en el pasillo correcto, dejé a Ruby y el casco y me puse los tenis y el número. Venía mi parte favorita! Salí corriendo, mi familia gritaba y tomaba fotos, les sonreí y continué, llevaba un kilometro cuando me dio un fuerte dolor de caballo y terminé la primer vuelta de 2.5k con mucha molestia, pero pasando el kilometro 3 ya me había recuperado.

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Llevaba paso de 5’00” y sabía que si lograba mantenerme así podría terminar el triatlón en menos de 2:55… me encantó la idea y me propuse lograrlo! Pasé la segunda vuelta en 25 minutos, y me emocioné mucho, tomé mi último gel y me sentí aún mejor, estaba ya muy cansada pero me sentía cómoda con el ritmo. Faltaban 5k y en ese momento estuve segura de que lo haría, podría terminar el 10k en 50 minutos. En la última vuelta pude acelerar un poco, las porras de mis papás y mi hermana fue el empujón que necesitaba. Crucé la meta terminando la carrera en 49:49 minutos, con un total de 2:54:00.

Ese momento es al que yo llamo FELICIDAD. Todo vale la pena; el sufrimiento, el dolor, las desmañanadas, el perderte de fiestas o ciertas diversiones por un momento así: cruzar la meta sabiendo que lo diste todo. Y tu mente dice: Quiero más y lo haré mucho mejor la próxima vez.

 

Así terminó mi primer triatlón olímpico, sabiendo que hay mucho que mejorar, muchísimo más que entrenar y que arriesgar. Nunca será suficiente.

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Este año haré mi primer 70.3 en Cozumel y sé que el entrenamiento y la disciplina serán mucho mayores para lo que viene, pero… Nadie dijo que fuera fácil.

Lo espero ansiosa!

@Lu_Lerma

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El mejor equipo…Mi familia!!!
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