¿Disfrutar un maratón?

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Después del excelente resultado que tuve en el triatlón de Veracruz, sin entrenamiento específico y con la idea de sólo disfrutarlo, me perfilé a participar una vez más en el ya clásico Maratón Internacional de la Ciudad de México.

Había disfrutado tanto de Veracruz que sabía que tenía que aplicar la misma fórmula en el maratón. Sabía que me dolería pero lo principal era disfrutarlo. Pero…¿cómo rayos disfrutas UN MARATÓN?

Si bien es cierto que creo que cualquier persona puede terminar un maratón si se lo propone en serio, también creo que no es cualquier cosa y que debes entrenar para no “sufrir” tanto.

Pero bueno el punto es que estaba plenamente consciente de que aunque me costaría trabajo, lo iba a terminar.

Y así fue como comenzó todo. Una vez más estábamos en el corral de salida, miles y miles de corredores esperando la señal. En ésta ocasión no tuve nervios, no tenía tiempo límite, sólo quería ponerme mis audífonos y recorrer la ciudad corriendo.

Dieron la señal, puse la música a todo volumen y salimos. Comencé a un ritmo muy bueno y comencé a pasar a muchos corredores de mi bloque que evidentemente estaban en el corral incorrecto, pero ¿qué diablos? Esto era una fiesta y todos éramos parte de ella. Lentos y rápidos por igual, en la calle cabemos todos. Total, si de algo estaba seguro era de que NO IBA A GANAR jajajaja.

Me concentré en la música y en la calle, hubo ciertos momentos en que, a pesar de ir rodeado de miles de corredores, me sentía completamente solo. Me imaginé la calle para mí solito, era un momento mío y nada más. Seguí avanzando y avanzando, las piernas me comenzaron a doler desde los primeros 10 kilómetros pero…nada me detendría.

Comencé a pensar en mi Sam, quería verla gritándome y recordé los lugares en los que la vi el año pasado, el primer sitio era Mazarik pero desgraciadamente no estaba ahí. Me pregunté la razón y supuse que la vería más adelante. Traté de no pensar en eso.

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Íbamos sobre Reforma a la altura del Auditorio Nacional y recordé que en esa parte también me gritó el año pasado. Bajé mi ritmo y la busqué en la multitud, pero nada. No la vi. Seguí avanzando, vi a muchos amigos, nos saludamos y nos dimos ánimos. Las piernas seguían sufriendo pero no me detendría.

Pasé la parte de Chapultepec y ya estaba agotado. Apenas llevaba medio maratón y me convencí de que un maratón no es cualquier cosa. Estaba seguro de que me iba a doler muchísimo. Comencé a pensar en apretar el paso para terminar lo más pronto posible pero no logré hacerlo. Mantuve mi ritmo, incluso hasta lo bajé un poco pero seguí adelante.

Entramos a la zona de la Condesa y entonces me quité mis audífonos, ya estaba harto de mi propia música. Estaba muy cansado y sólo quería escuchar el apoyo de Sam, pero no estaba. Agradecí los gritos de toda la gente que como cada año, sale de sus casas para echar porras y seguí.

Recuerdo que el año pasado sufrí mucho en esa parte y todo lo que quería era salir rápido de ahí.

Cuando menos lo esperé, vi Insurgentes de nuevo y un tumulto de gente gritando. Sabía que me faltaba “poco” y traté de olvidarme del cansancio. Obviamente no lo logré pero me visualicé en la meta y me concentré en ello. Llegué al punto en donde vi por última vez a Sam el año pasado y algo me decía que tampoco estaría ahí. Traté de no pensar en eso pero me fue imposible. Me sentí muy triste de haberla visto en todo el camino. No tenía ni idea de dónde estaba y lo más probable era que tampoco la vería en la meta. Y entonces me pregunté: ¿De que sirve todo esto si la persona que más amo en la vida no está aquí para compartirlo?

Me orillé en un “puesto de abasto” improvisado por voluntarios y un niño me regaló una bolsita con Coca. Le di las gracias y pensé en Sam una vez más. Tal vez un día ella estaría ahí, incluso corriendo, y mi deber ese día era terminar, poner el ejemplo y no abandonar. No importaba que no me hubiera visto en la ruta, yo debía terminar.

Justo en la parte final del recorrido, comencé a ver a muchas personas completamente “frescas”, supuse que habían entrado en los últimos kilómetros sólo para recoger la medalla y eso me pegó mucho. Me hizo sentir todavía más cansado.

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Volví a concentrarme en la ruta y al final vi la última subida que me conduciría a la entrada del Estadio Olímpico Universitario, la casa de mis Pumas. Me emocioné y aceleré. Me dolía todo pero ya estaba a punto de lograrlo. Di las últimas vueltas en el estacionamiento y me perfilé al túnel que me llevaría al interior del estadio. Pise el tartán y entonces bajé mi ritmo. En ésta ocasión no hubo cierre, dejé que muchos me pasaran. Giré la vista al pebetero y recordé cuando iba acompañado de mis hermanos a ver los partidos de fut. Los extrañé aún más porque en ésta ocasión tampoco ellos estuvieron en la ruta como los años pasados.

En los últimos metros me di cuenta de que ese sería oficialmente mi mejor tiempo en un maratón. Ya puedo decir que soy sub4, pero realmente es algo que me importa un pepino y medio.

Recogí mi medalla y me fui a descansar. Sin duda lo había disfrutado, pero lamentablemente no vi a Sam y eso me dejó un amargo sabor.

Después del evento comencé a leer muchas reseñas y gente quejándose de la organización y demás. Traté de no engancharme, realmente no tengo una postura al respecto. Yo fui a correr mi maratón y a disfrutar de la Ciudad y de su gente. Lo de más, es lo de menos. Si la gente se metía sólo por la medalla, si salían en corrales que no eran lo correctos, si decían que serían pacers y no terminaron en lo prometido, que si las fotos no fueron gratis, que si a Chuchita la Bolsearon y todos los demás temas que surgieron alrededor de esto, simplemente me valía. Yo corrí por mí y por mi gente, mi nariz roja sacó varias sonrisas en el camino, y afortunadamente logré juntar donativos para la fundación FUNFAI.. Pude también saludar a varios amigos y compartí ésta experiencia con algunos que lo hicieron por primera vez. Y con todo esto me quedo. Mi última competencia programada y por ende, la última.

Terminé el mes con el maratón y comenzó Septiembre, el mes de mi cumpleaños. Estoy por cumplir 30 años y pues ya saben, ya me siento viejo. Estoy en un periodo de reflexión y de asegurarme de que lo que hago realmente me hace feliz.

Tardé en escribir la reseña y estoy seguro de que no ha sido la más vibrante, ni será la más leída pero TÚ sabes bien que todo esto es gracias a ti y para ti. Sé que siempre estarás conmigo, en las buenas y en las malas y que siempre iremos hacia adelante…como el elefante.

Gracias a todos por gritarme como lo hicieron, por sus fotos y por darse el tiempo de leerme. Espero seguir escribiéndoles mis anécdotas sea cualesquiera que éstas sean. ¿Quién sabe? Tal vez un día de estos les cuente del año que viví en un circo viajando de aquí por allá, o del mes que pasé sin pronunciar una sola palabra en medio de la nada…o tal vez, no.

Por lo pronto, vivan al máximo y no se arrepientan de nada.

@BlackVera

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Un comentario sobre “¿Disfrutar un maratón?

    korridorimerino escribió:
    septiembre 14, 2015 en 6:49 pm

    Felicidades Black.

    Me gusta

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