Triatlón Valle de Bravo 2.0

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Durante los últimos meses he estado intermitente en mis entrenamientos y es que he estado en una zona de confort que se ha traducido en poca motivación y una pereza impresionante para ponerme a entrenar en forma. Y es que, desgraciadamente he participado en varias pruebas en las que “NO ME HA IDO MAL” a pesar de no haber entrenado. Me había estado conformando con la idea de que todos los que me ganaban sí habían entrenado, y eso me consolaba. Por lo menos no me había topado con nadie que sin haber entrenado me sacara ventaja.

Con este pensamiento llegué a Valle de Bravo, había estado pensando en mis tiempos y haciendo cálculos de lo que podría ser un buen resultado para mí. Sabía que “sin esfuerzo” podría quedar dentro de los primeros 30 lugares de un aproximado de 120 participantes, de hecho, pensé que un Top 20 sería algo que no debería de costarme tanto y así me lo propuse. Llegué a comentarle al TriStaff que me esforzaría por conseguir un Top 15 y ese sí que sería un buen reto. Lo único que tenía que hacer era mantenerme a un buen ritmo de competencia y evitar a toda costa cederle espacio al cansancio/dolor.

Valle de Bravo es especial para mí, ya que ahí fue donde debuté como triatleta y se suponía que en ésta ocasión, a pesar de no haber entrenado como en la primera vez, tendría mayor experiencia y un mejor rendimiento. Pero, no sabía lo que me esperaba.

Por primera vez utilicé los servicios de transporte de bici, que aunque no estaba tan lejos del lugar, aprovecharía para viajar más cómodo. Debo admitir que utilizar éste tipo de servicios es sumamente conveniente cuando son distancias cortas de competencia o que no es necesario hacer una ruta de reconocimiento previa al evento. En lo particular, utilicé el servicio de Transbikemex, la compañía más importante y grande de México, lo cual me dio mucha confianza. He sabido de algunas empresas que han quedado mal con sus clientes, dejándolos sin bici a la hora de las competencias, por lo que no quise arriesgarme. El servicio fue excelente de principio a fin, se notó que trataron mi bici como si fuera de ellos mismos y me la entregaron en perfectas condiciones tanto como para la competencia como a su regreso a casa. Les recomiendo ampliamente la empresa y les garantizo que será la responsable de llevar mi bici a mis próximas competencias.

Por lo anterior, únicamente me preocupé por el hospedaje y el camino al evento. Lo cual fue relativamente sencillo, ya que varios amigos nos organizamos y pudimos encontrar un lugar muy cercano donde alojarnos.

Llegamos el viernes a medio día y fuimos a dejar nuestras bicis. En la zona de transición, Transbikemex me entregó mi bici perfectamente lista para la competencia y sólo tuve que ingresarla a su rack correspondiente. Al salir de ahí, fuimos a la prueba de natación, pero desgraciadamente se nos había hecho tarde, por lo que no pudimos entrar. Ni modo, nos aventaríamos así.

Regresamos al hotel y nos dispusimos a descansar. Los nervios comenzaron a sentirse pero no había marcha atrás.

A la mañana siguiente, salimos temprano del hotel para poder dejar nuestras áreas de transición completamente listas y entonces comenzó todo. Primero salieron las categorías de distancia Olímpica, yo participaría en la distancia Sprint, por lo que tuve que esperar un par de horas. Minutos precios a mi salida, me despedí de Sam, quien estaba muy emocionada con todo el evento, gritando porras a toda la gente y ansiosa por verme en acción.

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Recuerdo caminar por el muelle y dirigirme a la zona de arranque, entré al agua y sentí el característico frío del lago, pero rápidamente me adapté. Me concentré en la señal de salida y cuando menos lo esperé, sonó. Salimos a toda velocidad, por primera vez en mi vida me tocó la guerra en el agua, brazadas y patadas por todos lados. Nada que me espantara pero sí me hacía sentir incómodo y para acabarla de fregar, mis goggles se me empañaron como nunca antes. Todo eso combinado con la turbia agua de Valle, me dejaron casi ciego. Traté de hacerme espacio y continuar nadando usando sólo como referencia a los demás competidores de gorra roja, como la mía.

En un par de ocasiones confundí las gorras rojas con las naranjas que eran de una categoría que había salido minutos antes, por lo que usé de pacers a nadadores rezagados. Eso me afectó en definitiva pero seguí adelante.

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Terminé la parte de la natación algo noqueado pero con muchas ganas de seguir. Troté levemente tratando de recobrar mi sentido del equilibrio mientras llegaba a recoger a mi bici, me puse mi casco, tomé la bici y comencé a correr. Salí rápido de la transición y me topé con varios compañeros estorbando el paso por lo que corrí unos metros más después de la zona de monte para poder subirme a la bici. Intenté colocarme las zapatillas lo más rápido posible porque justo había un grupo de ciclistas que al parecer tendrían buen paso. Cuando por fin pude ponerme los zapatos, el grupo me llevaba unos 15 metros de distancia. Traté de pedalear fuerte para alcanzarlos y durante los primeros 2 kilómetros sólo logré acercarme a unos 5 metros, de ahí ya no pude más. Sentí que me quemé y dejé ir al grupo. Mi corazón estaba a tope y entonces me resigné a concentrarme en mi cadencia y avanzar a buen ritmo, aunque fuera solo, con la esperanza de encontrar otro grupo más adelante. No pasaron muchos metros cuando un tipo me alcanzó y entonces me le pegué. Prácticamente toda la ida de la ruta me fui detrás de él pero al retornar y comenzar a escalar mis piernas no respondían. Yo quería seguir pedaleando pero no tenía nada de fuerza en las piernas. Se me fue. El regreso a la zona de transición fue un martirio, las subidas me costaron muchísimo y mi energía se encontraba por los suelos. Afortunadamente sólo eran 10kms.

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Llegué a la transición y salí disparado a correr pero algo estaba pasando, mis piernas seguían sin responder. Pasé el kilómetro 1 y no lograba ampliar mi zancada, llegó el segundo kilómetro y nada, mejor ni les cuento del 3ro porque era una subidota. Y pues nada, tristemente me sentí bien ya hasta el kilómetro 4 que ya era de bajada y que prácticamente era el cierre. Moví mis piernas con todo lo que me quedaba y logré pasar a unos cuantos compañeros. Al final cerré y crucé la meta, estaba a punto de desvanecerme cuando la vi… Sam estaba justo del otro lado de la meta gritándome con todas sus fuerzas, emocionada por verme ahí. Eso me hizo seguir caminando, la tomé en mis brazos y la abracé. Me la llevé a la zona de recuperación y se emocionó de ver a todos los atletas que estaban ahí (y también por las rebanadas de pizza), me colgaron mi medalla y de inmediato se la puse a ella. Nada como quedarme con ese momento de felicidad. Ese instante hizo que todo valiera la pena. Porque todo el tiempo hace que me de cuenta de lo afortunado que soy y de lo agradecido que estoy con el universo por haberla puesto en mi vida.

Al final, quedé en el lugar 22 con un tiempo de apenas 40 segundos más que mi primera vez. Lo que significa que sí hay alguien que es mejor que yo “sin entrenar” y soy yo mismo.

Esa persona que andaba buscando que me pusiera en mi lugar sí existe y se llama BlackVera. No cabe duda que si buscas, encuentras.

Faltan pocos días para el triatlón de Monterrey, mi siguiente prueba, ésta vez en distancia Olímpica. Completamente convencido de que no estoy lo suficientemente preparado para hacer un excelente papel, pero sí para ponerme de nuevo en mi lugar. Esto es yo contra yo.

 

BlackVera

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